“Pagliacci” y “Cavalleria rusticana” en el Teatro Colón : Entre el cielo y el fango

La excelente versión musical prevaleció sobre una puesta escénica que, basada en la sobreestimulación visual, no logró extraer interpretaciones más profundas de los personajes | Por Ernesto Castagnino

 
Denis Pivnitsky (Canio) en la escena final de Pagliacci, Teatro Colón, 2026

PAGLIACCI ópera de Ruggero Leoncavallo / CAVALLERIA RUSTICANA, ópera de Pietro Mascagni. Función del miércoles 22 de abril de 2026 en el Teatro Colón. Dirección musical: Beatrice Venezi. Dirección de escena, escenografía, vestuario e iluminación: Hugo de Ana. Elenco: Denis Pivnitsky (Canio), Fabián Veloz (Tonio), María Belén Rivarola (Nedda), Santiago Martínez (Beppe), Ramiro Maturana (Silvio), Mariano Crosio, Ariel Casalis (Dos campesinos) - Yonghoon Lee (Turiddu), Fabián Veloz (Alfio), Liudmyla Monastyrska (Santuzza), Guadalupe Barrientos (Mamma Lucia), Javiera Barrios (Lola). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Directora del Coro de Niños: Mariana Rewerski.

La generación de compositores italianos de finales del siglo XIX bautizada por sus contemporáneos Giovane Scuola— se forma en la tradición operística italiana, pero comienzan a cuestionarla: Giuseppe Verdi es para ellos un modelo, pero consideran agotado su esquema. Integraron este grupo los toscanos Giacomo Puccini, Pietro Mascagni, Alfredo Catalani, el piamontés Alberto Franchetti y, representando el sur de Italia, Ruggero Leoncavallo, Umberto Giordano, Francesco Cilea y Franco Alfano.

Una de las primeras definiciones de lo que sería el realismo literario —del que se nutrió el verismo musical— la realizó Stendhal en su novela Rojo y negro: "Una novela es un espejo que se pasea sobre un gran camino. Tan pronto refleja a nuestros ojos el azul del cielo como el fango de los cenagales del camino". En lo musical, el verismo elimina todo ornamento por considerarlo superficial y un obstáculo para la comprensión del texto. Con el canto spianato (1) y el canto sfogato (2) se intenta transmitir la crudeza de las pasiones sin adornos ni eufemismos. También se incorporan elementos folclóricos y se recurre a un lenguaje llano y coloquial con términos dialectales para dar mayor realismo (por ejemplo, la serenata que Turiddu canta a Lola al inicio de Cavalleria rusticana está escrita en dialecto siciliano).


Escena de la procesión pascual de Cavalleria rusticana, Teatro Colón, 2026

En el caso de las obras que nos ocupan, Cavalleria rusticana e I pagliacci, la tradición ha querido que formaran una unidad, aunque en su origen fueran dos óperas independientes. Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni está basada en un relato homónimo del escritor siciliano Giovanni Verga y fue estrenada el 17 de mayo de 1890 en el Teatro Costanzi de Roma (hoy Ópera de Roma). La obra resultó ganadora en un concurso de óperas de un sólo acto que organizó el editor Sanzogno y resultó un éxito inmediato de público, imponiendo la moda de las obras en un acto. Los autores del libreto fueron Guido Menasci y Giovanni Targioni-Tozzetti. I pagliacci, obra de Ruggero Leoncavallo con libreto del propio compositor, toma su argumento de una crónica policial de Montalto Uffugo, una pequeña ciudad de Calabria en la cual Leoncavallo pasó su infancia debido a que su padre había sido transferido como juez. El asesinato de un empleado de la familia del compositor por parte de un actor ambulante inspiró la historia de esta ópera en un acto estrenada el 21 de mayo de 1892 en el Teatro dal Verme de Milán, bajo la dirección de Arturo Toscanini.

La idea de dar unidad dramática a las dos piezas ha ocupado en los últimos tiempos a los directores de escena. Sin ir demasiado lejos, la anterior puesta de Cav y Pag en el Teatro Colón, a cargo de José Cura, unió las historias situando amas obras en la misma ciudad. Al término de la tragedia de Cavalleria llega —pasado unos meses— la compañía de payasos de Pagliacci a la ciudad, por lo que entre el público que asiste a la obra de los payasos, se encuentran Santuzza, Lola y Mamma Lucia. En esta oportunidad, Hugo de Ana optó por otra solución. En primer término, invirtió el orden tradicional —ubicando en primer término la ópera de Leoncavallo, y en segundo lugar incorporó —en el preludio de Pagliacci y en el intermezzo de Cavalleria— las emblemáticas figuras de Federico Fellini para la primera y Luchino Visconti para la segunda. Ambos directores —encarnados por Fabián Veloz gesticulan como dirigiendo una filmación, que será lo que como espectadores estamos por ver. La referencia tiene sentido: Fellini es autor de La strada (1954) en la que se retrata una relación entre dos artistas ambulantes, muy similar a la de Canio y Nedda, mientras que Visconti dirigió en 1948 La terra trema, una cruda historia de pescadores ambientada en Sicilia y basada en otra novela de Giovanni Verga. Asombrosamente, en ambos intermezzi de Ana utilizó unas proyecciones que parecían hechas con inteligencia artificial cuando podría haber utilizado algún fragmento de las películas con las que él mismo quiso dialogar en su puesta. 

Escena del segundo acto de Pagliacci, Teatro Colón, 2026 

La sobreabundancia de estímulos tendió a la saturación y, pese a que algunas decisiones resultaron interesantes, en el conjunto perdían eficacia. Quizás un trabajo más profundo sobre la actuación y la gestualidad de los protagonistas hubiera redundado en un resultado más contundente que “ilustrar” cada palabra del libreto con un movimiento o sobrepoblar el escenario con acróbatas y bailarines. El coro inicial de Cavalleria es un ejemplo representativo: mientras el coro canta detrás de escena, un grupo de figurantes/bailarines caracterizados como campesinos realizaban una anodina coreografía que no hacía más que edulcorar y romantizar el trabajo rural. El cine neorrealista italiano con el que Hugo de Ana establece un diálogo en su puesta, precisamente se encargó de mostrar la cara más cruda y cruel de la explotación y la desigualdad, por lo que sus decisiones resultan aún más desconcertantes.

La dirección musical de Beatrice Venezi, ya una habitual convocada para el repertorio italiano, consiguió transmitir la ebullición de la sangre meridional que aúna a estas dos partituras veristas, manteniendo una excelente comunicación entre orquesta y escenario. El Coro Estable tuvo momentos de gran despliegue y recibió una merecida ovación al final de la imponente escena concertante de la procesión pascual de Cavalleria.

El elenco vocal tuvo sus puntos más altos en las voces femeninas. Tanto Nedda en Pagliacci como Santuzza en Cavalleria son dos muchachas atrapadas en relaciones con hombres violentos y abusivos. La soprano argentina María Belén Rivarola como Nedda desplegó toda la fragilidad y vulnerabilidad del personaje, su fraseo pulido y su timbre luminoso hicieron frente con éxito a una orquestación portentosa. Como Santuzza, la soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska deslumbró con un instrumento de gran potencia, pero también profundidad expresiva con el cual delineó el retrato de la joven siciliana envuelta en un amor obsesivo. Otro ucraniano, el tenor Denis Pivnitsky en el rol de Canio, hizo gala de una voz vigorosa pero su interpretación solo puede calificarse de trazos gruesos. 


Fabián Veloz (Alfio) y Yonghoon Lee (Turiddu) en Cavalleria rusticana, Teatro Colón, 2026 

En Cavalleria, el coreano Yonghoon Lee cuenta con un instrumento de interesantes cualidades, pero su limitado repertorio de gestos y su visible preocupación por acomodar la máscara para lograr una mejor emisión, restó a su interpretación del apasionado Turiddu. Uno de los puntos más altos del elenco lo encontramos en el barítono Fabián Veloz quien encarnó los personajes para su cuerda en ambas óperas. La capacidad actoral de Veloz, junto con un registro homogéneo y un fraseo natural, hacen de este artista uno de nuestros más importantes cantantes-actores.

La imponente voz de Guadalupe Barrientos —en la puesta de 2015 una incandescente Santuzza— le dio al rol de Mamma Lucia una relevancia desacostumbrada. El tenor Santiago Martínez realizó un gran trabajo en el rol de Beppe, en tanto Ramiro Maturana y Javiera Barrios cumplieron con corrección en sus interpretaciones de Silvio y Lola respectivamente.

Una nueva producción de dos favoritas del repertorio que acometió el intento de darle unidad a lo que en principio son dos óperas independientes. Los resultados, más disfrutables en lo musical que en lo escénico, fueron suficientes para estimular el interés en este comienzo de temporada.

Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Abril 2026

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Notas
(1) (spianato = llano). Forma de canto en la cual a cada sílaba del texto corresponde una nota de la partitura.
(2) (sfogato = desahogado). Forma de canto en la que la voz se emite en su máximo volumen. 

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Para agendar
La temporada lírica del Teatro Colón continúa en mayo con el estreno mundial de la ópera Dementia de Oscar Strasnoy sobre un libreto de Ariana Harwicz. Contará con la dirección musical de Tito Ceccherini y la dirección escénica de Mariano Pensotti, con escenografía y vestuario de Mariana Tirantte e iluminación de Matías Sendon. Los intérpretes serán Florencia Burgardt, Daniela Tabernig, Mónica Ferracani, Sebastián Angulegui, Alejandro Spies y Víctor Torres. Las cuatro funciones serán el 31 de mayo, 2, 4 y 6 de junio. Las entradas están a la venta en www.teatrocolon.org.ar y en la boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, de lunes a sábados de 11.00 a 19.00 y domingos y feriados de 9.00 a 16.00.

Imágenes gentileza Teatro Colón / Fotografías de Juanjo Bruzza y Patricio Cortés

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