Luego de trece años vuelve al escenario del Teatro Colón la obra maestra verdiana, en la que destacó la potente dirección musical de Alejo Pérez en el marco de una tradicional puesta escénica | Por Ernesto Castagnino
OTELLO, ópera de Giuseppe Verdi con libreto de Arrigo Boito. Función del miércoles 19 de agosto de 2026 en el Teatro Colón. Nueva producción escénica en coproducción con el Auditorio de Tenerife. Dirección musical: Alejo Pérez. Dirección escénica: Fabio Sparvoli. Escenografía: Nicolás Boni. Vestuario: Tommaso Lagattolla. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Diseño de video: Nicolás Boni, Matías Otálora. Coreografía: Vagram Ambartsoumian. Elenco: Gregory Kunde (Otello), Maria Agresta (Desdémona), Daniel Luis de Vicente (Iago), Diego Bento (Cassio), Insung Sim (Ludovico), Alejandra Malvino (Emilia), Fermín Prieto (Roderigo), Mario De Salvo (Montano), Gabriel Vacas (Heraldo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Directora del Coro de Niños: Mariana Rewerski.
Podemos afirmar sin exagerar que debemos la existencia del Otello verdiano a la proverbial habilidad de Giulio Ricordi para manipular y convencer a compositores, libretistas y empresarios, consiguiendo así sus objetivos. En 1879, Giuseppe Verdi, en la cumbre de su popularidad, había decidido retirarse de la composición con 66 años y pasar su vejez trabajando en su finca de Sant’Agata. La situación era inadmisible para Giulio Ricordi —editor musical del compositor y miembro del linaje que dominó la vida musical italiana durante todo el siglo XIX—, por lo que ideó una estrategia para conseguir que el músico volviera a componer. Complotado con el libretista Arrigo Boito, Giuseppina Strepponi —esposa de Verdi— y el director de orquesta Franco Faccio, el editor sacó durante una cena, en forma “casual”, el tema de Otelo y la poca justicia que la versión de Gioachino Rossini había hecho a la tragedia shakespeariana. Al igual que Yago mencionando el pañuelo, don Giulio tenía la certeza de despertar con ese comentario el interés del músico, incondicional admirador del dramaturgo inglés del que ya había musicalizado Macbeth.
La artimaña fue eficaz y Verdi —aunque advirtiéndola— no pudo sustraerse a la tentación de poner música a la maraña de pasiones desatadas en la tragedia del moro de Venecia. El resultado fue una de las colaboraciones entre compositor y libretista más celebradas de la historia de la ópera, junto a las de Wolfgang A. Mozart y Lorenzo Da Ponte, Giacomo Puccini y Luigi Illica-Giuseppe Giacosa, Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal. El encuentro entre Giuseppe Verdi y Arrigo Boito produjo una de las óperas más contundentes musical y dramáticamente, y sin lugar a dudas, la mejor versión que de la obra de Shakespeare podía hacerse.
El director escénico Fabio Sparvoli dejó que la historia se contara por sí misma, sin complejidades. El único matiz destacable fue conferirle al rol de Desdemona una fortaleza no acostumbrada, con un cachetazo a Otelo en la escena donde es acusada de infidelidad y unos golpes de puño sobre el piso durante el Ave Maria, como gesto de impotencia. La elección no aportó demasiado al planteo general. La fuerza de una propuesta dramática se mide en parte por la predisposición del público a pasar por alto ciertas inconsistencias lógicas del libreto. El rumor y risas contenidas de buena parte del público en el momento en que Desdemona pronuncia sus últimas palabras luego de ser estrangulada, fue elocuente en ese sentido. El diseño escenográfico de Nicolás Boni se sostuvo en un fondo de proyecciones bastante logrado disponiendo sobre el escenario algún elemento que representara el espacio: rocas en el primer acto, arcadas en el segundo, enormes candelabros en el acto tercero y una cama en el último acto. La iluminación de José Luis Fiorruccio se inclinó a la penumbra y los climas lóbregos, concentrando la luz sobre los personajes.
Gregory Kunde forjó su carrera como tenor belcantista en las décadas del ochenta y noventa, y con el cambio de siglo su voz evolucionó hacia roles más dramáticos, cambiando el Otelo rossiniano por el verdiano. Con 72 años cumplidos, el color vocal ha perdido brillo, pero su experiencia y presencia escénicas le permitieron sortear los obstáculos que el desgaste del tiempo impone. Su aproximación al personaje fue honesta y su capacidad de transmitir emocionalmente la locura de celos traspasó a la platea. La soprano Maria Agresta encarnó una Desdemona con buenos medios vocales. El centro de su registro es robusto y de timbre agradable pero su voz va adquiriendo cierta tirantez conforme asciende al agudo. Su interpretación fue ganando con el correr de la velada y llegó a su mejor momento en la gran escena del acto cuarto donde las sutilezas y medias voces de la melancólica canción del sauce resultaron conmovedoras. No se sintieron muy orgánicos esos arrebatos gestuales que agregó Sparvoli para darle al personaje un matiz diferente.
El barítono hispano-estadounidense Daniel Luis de Vicente fue un gran villano, dotando a su Iago de toda la oscuridad, pero también de la capacidad de seducción que hacen de éste uno de los más complejos personajes de su cuerda. Su “Credo” fue magnífico y su potencia vocal se impuso en todo momento. Completaban el elenco Alejandra Malvino como Emilia, Diego Bento un eficaz Cassio, el bajo Insung Sim como Lodovico, Fermín Prieto y Mario de Salvo como Roderigo y Montano respectivamente.
El director argentino Alejo Pérez, con una carrera internacional a sus espaldas, ha tomado el cargo de director principal de la Orquesta Estable y la comunicación entre ambos es evidente. El nervio dramático que Pérez imprime a la partitura, hace que la acción avance con agilidad y el universo sonoro verdiano se materialice ante el espectador. El impactante concertante del acto tercero resultó arrollador como también lo fue el solo de corno con el que inicia la escena de Desdemona del último acto. Eso solo ocurre cuando cada engranaje está en su sitio y quien conduce sabe cómo hacerlos funcionar en conjunto. También el Coro Estable y el Coro de Niños tuvieron participaciones destacadas, sobre todo el primero en el mencionado concertante.
Muy esmerada versión de la obra maestra verdiana, con un elenco a la altura y un destacado trabajo de los cuerpos estables, bajo la precisa y vigorosa dirección de Alejo Pérez.
Ernesto Castagnino
ecastagnino@tiempodemusica.com.ar
Agosto 2026
Para agendar
La temporada lírica del Teatro Colón continúa en septiembre con la versión en concierto de
la ópera Manon Lescaut de
Giacomo Puccini. Contará con la
dirección musical de Henrik Nánási.
Los intérpretes serán Chiara Isotton, Junhyeok
Felix Park, Francesco Pio Galasso y Ricardo
Seguel. Las cuatro funciones serán el 6, 8, 10 y 12 de septiembre en el
Palacio Libertad. Las entradas están a la venta en www.teatrocolon.org.ar y en la
boletería del Teatro Colón, Tucumán 1171, de lunes a sábados de 11.00 a 19.00 y
domingos y feriados de 9.00 a 16.00.
Imágenes gentileza Teatro Colón /
Fotografías de Juanjo Bruzza
_____________________________
Espacio de Opinión y Debate
Estuviste en esta ópera, ¿cuál es tu opinión?
¿Coincidís con este artículo? ¿Qué te pareció? Dejanos tu punto de vista aquí.
Hagamos de Tiempo
de Música un espacio para debatir.



Comentarios
Publicar un comentario
IMPORTANTE: Dada la posibilidad de comentar en forma anónima, no se aprobarán comentarios que contengan agravios o ataques personales.