SOLO DE... "Romeo y Julieta" en el Teatro Argentino de La Plata, por Javier Villa


ROMEO Y… PAULA ALMERARES

Teatro Argentino de La Plata
Domingo 13 de Agosto, 17.00

Paula Almerares en el primer acto de Roméo et Juliette,
Teatro Argentino de La Plata, 2006
ROMÉO ET JULIETTE, ópera en un prólogo y cinco actos de Charles Gounod. Producción escénica 2004. Dirección musical: Javier Logioia Orbe. Puesta en escena: Marga Niec. Escenografía: Daniel Feijoo. Vestuario: Producción Teatro Colón, supervisión de Eduardo Caldirola. Iluminación: Gabriel Lorenti. Director de coro: Miguel Martínez. Principales intérpretes: Carlos Vittori (Romeo), Paula Almerares (Julieta), Leonardo Estévez (Capuleto), Sebastián Sorarrain (Mercucio), Carlos Natale (Teobaldo), Vanesa Mautner (Esteban), Carlos Esquivel (Fray Lorenzo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Argentino de La Plata.

Una vez más la escena lírica local presenta –como lo hiciera el Teatro Colón con A midsummer night´s dream en junio pasado– una ópera inspirada en la obra de William Shakespeare. En este caso, como cuarto título de su temporada lírica, el Teatro Argentino de La Plata repuso la versión –aunque con algunos cambios en el elenco– realizada en 2004 de Roméo et Juliette de Charles Gounod. Hablar de la producción operística de Gounod nos transporta a un particular momento de la historia de la ópera propia de la segunda mitad del siglo XIX en Francia. Lo particular de algunas de sus óperas es la fascinante conjunción entre la opéra comique y la grand opéra que da lugar a la llamada ópera lyrique, en la cual es característica la forma en que se presenta la melodía, creando momentos de ese peculiar “lirismo francés”. También la temática se centra en lo romántico y en menor medida en lo dramático, tal es el caso de Roméo et Juliette que subraya la historia de amor.

La obra fue estrenada en el Théâtre Lyrique de París el 27 de abril de 1867 con notable suceso debido en gran parte al magnífico elenco con que contó la representación. Técnicamente las exigencias vocales se advierten principalmente en la pareja protagónica. La ductilidad con que tiene que desenvolverse la soprano, así como también el vigor y agudos que le corresponden al tenor confieren un protagonismo compartido e igualado, justamente sostenido por los excelentes dúos que transcurren en la obra.


Paula Almerares y Carlos Esquivel en el cuarto acto de Roméo et Juliette,
Teatro Argentino de La Plata, 2006

La soprano Paula Almerares volvió a dejar en claro su calidad artística interpretando a Julieta. Aún comenzando con algunos altibajos que fueron atenuados en el famoso vals del primer acto, su presencia cautivó por su garbo y naturalidad en sus movimientos. Desde la perspectiva vocal, el estilo sirvió como vehículo para transmitir el lirismo de su fraseo, así como también la exaltación de la joven enamorada de Romeo, que acertadamente caracterizó en la difícil escena donde bebe el brebaje. La calurosidad con que el público recibió su actuación fue elocuente. En cambio, su pareja escénica el tenor Carlos Vittori no estuvo al nivel ofrecido por su colega. Si bien su figura mostró elegancia, en algunos momentos su despliegue actoral redundó en estatismo. En lo que concierne a la parte vocal, la voz de Vittori mostró una emisión notablemente forzada que propició a dificultar su canto, en especial en el registro agudo. Esta dificultad empañó el fraseo. El barítono Leonardo Estévez, encarnando a Capuleto, dio muestras de esfuerzo en su canto, para una voz que logra mejores réditos en un repertorio mozartiano o rossiniano. Del resto del elenco cabe hacer una mención especial al bajo Carlos Esquivel, por la nobleza y calidad de su voz que se oyó sin ninguna dificultad por la sala del teatro. Correctos una vez más Carlos Natale y Vanesa Mautner.

Como lo hiciera en 2004 con una puesta sobria y tradicional, Marga Niec infundió el clima propicio en el cual fluyeron las emociones de los jóvenes enamorados. Sólo en el exceso de movimiento que se produjo al principio de la obra, el resto de su marcación fue prolija brindando espacios de lucimiento para los protagonistas más que en las escenas de conjunto. El juego de iluminación estuvo en conjunción con la propuesta escenográfica para brindar un resultado óptimo, aunque carente de mayor riesgo.

Javier Logioia Orbe condujo a la orquesta con sobriedad y adecuado estilo. De todos modos hubo una cierta tendencia al desfasaje con el coro en el primer acto y algunas vacilaciones en las cuerdas –particularmente en los violoncellos– en el cuarto acto. El desempeño del coro tuvo altos y bajos: a los ya mencionados desajustes con la orquesta, se le sumó una sonoridad poco compacta. La parte exige agudos importantes que sonaron algo forzados.

El carácter melódico tierno y expansivo francés halla una grata acogida por parte del público local. La historia tantas veces recorrida y siempre atrayente encuentra también en la ópera un sitio para su recreación, en este caso de la mano de Gounod. La acertada reposición fue la excusa perfecta para advertir la cautivante presencia de Paula Almerares.

Javier Villa

Fotografías gentileza Teatro Argentino de La Plata

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